El cuerpo tiene nueve maneras de protegerse ante una amenaza o ante el estrés.
Hace unas semanas, mi amiga Sophie me habló del fawning, una respuesta al trauma que la psicología clínica describe desde hace dos décadas: complacer a quien percibimos como amenaza para protegernos, respuesta ante el trauma o una situación de estrés. Poco después, en una reunión, un directivo me recordó lo frecuente que es la complacencia en el trabajo. Ahí se me encendió la luz y me puse a investigar. En la oficina vemos a diario este tipo de maneras de protegerse aunque rara vez las reconocemos.
Nueve formas de protegerse
Ante un peligro, el cuerpo decide antes que la mente. La investigación describe una cascada: alerta, congelación, huida, lucha, inmovilidad, colapso y desmayo. Las primeras son activas y las segundas pasivas. Cuál aparece depende de cuánto creemos poder defendernos.
A estas siete se suman dos respuestas sociales: buscar aliados y complacer. La primera tiene respaldo científico. La segunda es una observación clínica muy extendida.
La versión de oficina
En la empresa el peligro rara vez es físico, pero el cerebro reacciona igual ante una crítica en público, una reorganización, un jefe imprevisible o algo que nuestro organismo considera como posible amenaza o que simplemente nos genera estrés.
Por qué cada uno reacciona distinto
Tres capas explican buena parte de la diferencia:
- La personalidad. Cada persona tiene un temperamento propio, bastante estable a lo largo de la vida. Hay quien percibe antes el peligro y se inquieta con facilidad, quien busca enseguida a otros para hablarlo y quien prefiere resolverlo por su cuenta. Esos rasgos inclinan a unos hacia la retirada y a otros hacia la acción.
- La historia personal. Nuestro estilo de apego y lo que aprendimos de niños para sentirnos a salvo.
- El sistema. La familia de origen, los sistemas en los que hemos vivido y, sobre todo, la empresa actual: cada cultura premia unas respuestas y castiga otras.
La complacencia, la más difícil de ver
De todas, la complacencia es la más traicionera para una empresa, porque se confunde con compromiso. La persona que dice que sí a todo parece el empleado ideal y a veces lo es, pero otras veces simplemente está actuando con el piloto automático de la complacencia, por estrés o por tensión.
Qué puede hacer un líder
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Judith Ruiz de Esquide Fernández es fundadora de DO'IN TALENT, empresa de dirección de personas con sede en Madrid. Suma 26 años en dirección de personas y gestión general: 16 años de recursos humanos en L'Oréal y Air France/KLM, 10 años como directora general de startups y scaleups tecnológicas, 6 años como profesora de transformación digital en IE Business School y 10 años como coach de directivos y conferenciante en liderazgo. Licenciada en Derecho y Psicología, PADE por el IESE y formación en consejos de administración por ESADE. Ficha profesional completa.
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